jueves, 16 de agosto de 2012

El Gran Cañón del Colorado


(o el día que fuimos a una reserva índia y vimos cómo atracaban un banco)

Cómo hoy expiraba nuestro alquiler del maravilloso Ford Edge blanco del que disponíamos, lo primero que tuvimos que hacer es ir a alargarlo. Nosotros pretendíamos alargarlo hasta el día 23, que ya es cuando lo devolveríamos en Chicago, pero resulta que llevarlo hasta Chicago tiene un suplemento de muuuchos dólares, así que tuvimos que alargarlo provisionalmente sólo un día para poder ir al Colorado, pero tendremos que mirar un coche para irnos mañana hacia Salt Lake City (eso es otra historia).
Ir hasta el parque natural del Cañón del Colorado son más o menos cinco horas, así que preferimos ir hasta una reserva índia que hay bastante antes desde la que se ve todo el Cañón; se le llama Grand Canyon Skyline o una cosa así.
De camino hasta el Skyline éste paramos en un sitio que se llama The Last Arizona Stop, que parece uqe es famoso, y que es el último bar que encuentras en Arizona antes de llenar a Nevada si estás yendo a las Vegas. Nos partimos un plato (porque aquí a las doce de la mañana ya están sirviendo la comida, y nosotros sólo queríamos almorzar), y dimos una vuelta. Era un sitio muy guay, de éstos en los que intentan detectar aliens, y tienen clubs de tiro.
Lo que no sabíamos es que había que pagar para entrar a la reserva y ver el Cañón. Además, si querías subirte a un balcón impresionante que han construido, tenías que pagar más. Así que nosotros pasamos del balcón (y suerte que lo hicimos porque parecía una chorrada, cuando lo vimos). Total, que los indios se han americanizado muy rápidamente.
Decidimos dar una vuelta por la reserva, y ver lo que se pudiese sin subirnos al balcón famoso, y la verdad es que la acertamos bastante. La reserva era muy bonita, y había como un autobusito que te iba llevnado de los puntos más importantes a otros. Además, estaba toda como organizada alrededor de un precipicio, así que se veía todo el cañón y el río Colorado (que, como su nombre indica, tiene color, es marrón!).
Además, por la reserva había un sitio como ambientado en el lejano oeste, y había actividades del plan aprender a tirar el lazo y montar a caballo y, para los niños, parecía que habia montada una actividad en la que tenían que robar el banco y conseguir que no los pillase el Shériff (porque había un Shériff), y siempre había un niño que corría y robaba el banco, y el Shériff le empezaba a gritar y a disparar balas de fogueo, y fue muy gracioso.
Después de dar un buen paseo se nos hicieron ya las cinco de la tarde, así que comimos algo rápido y nos pusimos en marcha.
Así que queda pendiente ver qué sucede mañana con el coche nuevo, a veure si ens en sortim.
(no pongo fotos porque este Travelodge tiene el peor wifi de toda américa)

Welcome to Fabulous Vegas


(o el día que casi tocamos crías de tiburones asesinos)

Hoy hemos visto las Vegas, bueno, se podría decir que sólo hemos visto la calle principal (Las Vegas Boulevard): La ciudad auténtica de las Vegas parece estar a cosa de un kilómetro de aquí, pero elcomplejo erótico-festivo-turístico está aquí mismo. Es como una calle Port Aventura Style, llena de hoteles que son a la vez casinos y centros comerciales, cada uno con un ambiente distinto, como si fuesen un pequeño mundo.
Hemos empezado por el hotel Flamingo, donde tienen flamencos en el patio (de ahí el nombre); los tienen ahí con un microclima, muy majos ellos. Luego hemos seguido hacia la zona de París, que tiene su propia ópera y Torre Eiffel. Luego nos hemos ido a la zona de Nueva York, que tiene todo el skyline, y el puente de Brooklin, y una súper montaña rusa (a la que, evidentemente, nos hemos subido) que lo rodeaba todo.
Para acabar la mañana, nos hemos ido hasta el Mandalay Bai, porque según nuestra Lonely Planet, hay un súper acuario en el que se pueden hasta tocar crías de tiburones. El acuario es bestial, tengo que reconocerlo, tiene una piscina gigante de 1’3 millones de galeones de agua (unos cinco millones de litros) con tiburones, peces, mantas y de todo, además del típico recorrido por un pasillo lleno de peces alucinantes, y hasta un dragón de komodo. Además tiene una piscina con mantas y unos bichos muy graciosos a los que puedes tocar y son muy suaves y es muy guay. Pero ahí no hay tiburoncitos. Además, estaba convencidísima de que era una patillada de la guía, y me daba demasiada vergüenza preguntar por semejante flipada.
Al salir del acuario hemos probado una máquina tragaperras. Hemos puesto un dolor, le hemos dado a la palanca, luego a un botón y luego no hemos ganado nada. No es divertido. No entendemos por qué la gente se engancha.
Después de todo esto se nos había hecho bastante tarde, porque, aunque parecan pocas cosas, está todo como muy separado y se tarda mucho en llegar a los sitios, así que nos fuimos a comer al hotel y a hacer media siesta (como siempre, un error).
Cuando por fin nos levantamos de la siesta, fuimos hasta un museo de neón que parece ser que aún no estaba construido (segudna patillada de la Lonely Planet). Pero bueno, gracias a eso encontramos muy fácilmente la famosa calle Fremont, donde hay un super centro comercial gigante con la pantalla más grande del mundo en el techo, haciendo como una bóveda … donde nos han proyectado un trozo de un concienrto de Bon Jovi!
Lo más fascinante de las Vegas son los párkings gratuitos (true story).

Cálico y Vegas



(o el día que vimos dinosaurios y un pueblo del oeste)

Hoy era un día de carretera bastante señorial. Como hemos visto que el tiempo se nos va echando encima, y hay muchas cosas que queremos ver (y también queremos intentar llegar a Chicago con un par de días, para verlo un poco, ni que sea), hemos decidido dejar el Death Valley para cuando nos toque la lotería y volvamos a Estados Unidos. Además, estos días se ve que se están batiendo algunos récords de calor, y en la página del Death Valley te dicen que no dependas sólo de tu gps, que lleves mapas (nuestro gps ni va), que los móbiles no funcionan bien, que la gente se pierde y se muere y se la comen los coyotes (eso no lo dicen, pero seguro que pasa), etc. Total, que nos saltamos el Valle de la Muerte (esperemos que sea nuestra única renuncia).
Hoy, la carretera nos llevaba a Las Vegas, pero hemos hecho también una parada en lo que se conoce aquí como un Ghost Town, que son pueblos que se crearon cuando los booms del oro y que ahora están vacíos. El que pillaba de camino se llama Calico <del>electrónico</del>. Es un pueblo Far West total, sólo le faltan las balas de paja rodando por ahí.
Más tarde, nos encontramos un bar de éstos auténticos de carretera (a las camareras sólo les faltaban los patines): con la decoración de los cincuenta y todo, una pasada.
Finalmente llegamos a las Vegas. Cuando entras, lo haces por la calle principal (Las Vegas Boulevard, la originalidad no es lo suyo, ha ha) y es la calle en la que están todos los casinos-hoteles-centros comerciales gigantes, esto de París, Egipto, Venecia … Nosotros estamos en un hotelito chiquitín al final, pero está muy cerca de lo que es el centro del meollo. Así que dejamos las cositas en el hotel y nos sumergimos en el terrible calor que hace aquí (43 grados, al sol o a la sombra, da igual), con este viento caliente asesino que sopla…
Por suerte cuando ya se pone el sol la temperatura mejora ligeramente. Además, te aclimatas un poco, olvidas lo que es una temperatura agradable y empiezas a pensar que poner una ciudad en medio del desierto de Nevada es normal y práctico. El caso es que es muy bonita; mañana ya la veremos en serio, pero está toda llena de colorines y es muy alegre (y además, es barata).
(la guaifai aquí es terrible, así que pondré las fotos más adelante)

domingo, 12 de agosto de 2012

Los Ángeles


(o el día de "ay omá, qué ciudad más grande")

Todo el mundo nos había dicho que Los Ángeles se ve en un día, que es muy hay pocas cosas, que blablabla. Y sí que hay pocas cosas ultra turísticas, por decirlo así, pero están muuuuuuuuy espaciaditas. Los Ángeles ocupa más o menos como todo el Barcelonés, diría yo. Es todo como mini ciudades, y en cada una hay una cosa muy interesante, así que, como sólo teníamos un día, nos hemos puesto las pilas desde bien tempranito para verlas todas.
Para empezar nos fuimos al Walt Disney Concert Hall, que es un edificio bestial diseñado por el señor del Guggenheim (ya se le nota un poco). Como era domingo no se podía entrar, pero el trasto ya es alucinante visto sólo desde fuera; además, está como en una explanada, y se puede apreciar su magnitud con toda la tranquilidad.
Luego, más o menos aún en lo que se llama Downtown, nos fuimos a ver la Iglesía de Nuestra Señora de los Ángeles (Our Lady of the Angels), en la que daban misa en castellano, y tuvimos la suerte de pillar un coro que cantaba (cuando fuimos a Nueva York también pillamos un coro cantando, en este caso de Ghospel, y se alucina mucho). Además tuvimos la suerte de que decidieron no cobrarnos el párking, porque no nos estuvimos mucho rato y supongo que les dolía la conciencia de cobrarnos el día entero: la mayoría de párkings aquí en los ángeles van por día entero, y no son caros, son en plan cinco dólares (pero no puedes dejar el coche en un sitio aparcado todo el día, porque lo necesitas para trasladarte desde un punto habitado hasta el siguiente, de lo espaciada que es esta ciudad), así que la verdad es que hoy hemos cometido muchas infracciones de las leyes de aparcamiento (en la catedral no, pero en otros sitios que no concretaré, sí).
Es una catedral muy guay, es del 2002 y es muy moderna. Está diseñada por un arquitecto español, y, además, tenía una especie de tápiz que habían importado de España, de la Guerra Civil; no sabíamos ni la una cosa ni la otra, así que descubrirlo fue bastante gracioso.
Después de montarnos un picnic hippie/gitano en medio de los parquecitos de la Catedral, nos fuimos a ver Rodeo Drive, la calle pija-tiendil. Es más bien como una zona, no sólo una calle, y parece la Roca Village (pero aún más pija). Además, está bastante lejos, en plan en Beverly Hills, para nada cerca de Downtown. Es una zona de éstas llenas de casitas unifamiliares preciosas y de colorines.
Para acabar el día, nos fuimos a ver Holliwood. Primero nos metimos un touristour impresionante para llegar a lo alto de una super colina y ver el famoso letrero (más de un inquilino de por ahí se enfadó con nosotros por pararnos y tal, pero bueno). Y luego nos fuimos al Paseo de la Fama. La verdad es que todos nosotros nos imaginábamos el paseo de la fama mucho más glorioso, del nivel de la Rodeo Drive, pero era como muy cutre. No era una calle estilosa y donde (si fuésemos una estrella de Holliwood) querríamos ver nuestra estrella, era como unas Rambles chapuceras, como sucia y llena de chiringuitos. Aún así, ir paseando y ver las estrellas es muy divertido: lo quieras o no, te vas emocionando y tal. Luego aprovechamos para entrar un momento al Kodak Theatre, que en realidad no es un teatro, es un centro comercial que atrezan y transforman especial y únicamente para la gala de los Óscars, y también al Grauman's Chinese Theatre, que es un sitio de un tal Sid, al que parece que todo el mundo quiere mucho, donde las estrellas de Holliwood ponen las manos, los pies (las rodillas, alguno, la varita mágica, los de Harry Potter, las rastas, Whoopy Whoolberg, etc), o lo que sea, en cemento. Incluso besos.

a mayoría de los bloques iban con dedicatoria para el amado Sid, pero es que la de Humphrey Boggart era sencillamente genial)

la Highway 1


(o el día que decidimos alojarnos al lado de Disneyland ... y no ir)

El día de hoy ha sido un bonito día para el olvido (bueno, quizás no tanto, pero no ha sido muy productivo). El llegar desde Monterrey a Los Ángeles ya es una buena kilometrada, pero con la caravana que nos hemos encontrado ha sido casi una tortura.
Las guías recomiendan coger la famosísima Highway 1, que rodea toda la costa y es muy bonita, pero es muuuuuuuy larga. Nos ha dado tiempo a escuchar todos los cedeses que llevávamos preparados e incluso, luego, sintonizar emisoras de radio locales. Es decir, mucho rato conduciendo por ésta carretera mal asfaltada y llena de curvas que te enseña lo bonita y verde que es la costa, te deja ver ochocientos mil surfistas y morirte de envidia con estas playitas kilométricas de arena blanca.
(casas colgantes de la playa Stacy Malibú)

Sí que ha sabido mal que, al final, cuando ya estábamos un poco hartos de tanta belleza, apareciese una caravana (traffic jam) salvaje y asesina que casi nos mata la poca moral que nos quedaba.
(americano que lleva una autocaravana que lleva un coche que lleva una moto. Típico)

Por suerte se nos ha subido un poquito la moral cuando hemos llegado al hotel (que está en Disneyland, a donde no iremos porque en las entradas tienen el set quirúrgico ya preparado para sacarte un riñón a cambio de la entrada), porque hemos visto el cierre de Disneyland: miiiiiiiles de petardos de muchos colores llenando todo el cielo y haciendo la cara de mickey mouse, y haciendo ver que eran campanilla, y esas cursiladas tan guays que te dejan boquiabierto.
(por si alguien se lo pregunta, los cedeses ideales para la carretera son: OST Titanes, Making Movies - Dire Straits, Esta noche cruzamos el Mississipi -2 cedeses, ABBA Greatest Hits, The Beatles Greatest Hits, cualquier cd de Manel, y un directo de los Rolling Stones y el de Retrovisión de M-clan que nos los hemos olvidado)

viernes, 10 de agosto de 2012

primer día on the road


(o el día que descubrimos la campaña para la alcaldía de Clint Eastwood y probamos el Fudge)

Si bien se podría decir que "estrenamos" el coche ayer, hoy es el día que empezaba el viaje por carretera en serio, porque ir de San Francisco al Yosemite y volver no cuenta, es como hacer una excursión.
Como ayer llegamos muy tarde después de nuestra excursión por aquellas carreteras inhóspitas, hoy dormimos un poco más de lo normal (bueno, a las ocho y poco), y luego cogimos el coche hacia Monterrey.
El camino hacia Monterrey es muy bonito, porque es una carretera que va bordeando la costa, y, para colmo, es sólo una carretera (no ocho mil, como para ir a Yosemite), así que no sólo es bonito, es fácil. Por desgracia, la racha de sol y buen tiempo parece que acabó ayer, así que el recorrido no fue tan bonito como podría, pero Déu n'hi do.

Después de hacer todo eso y llegar a Monterrey nos fuimos a hacer otro trozo de carretera que se llaman las 17 miles, y también es como bordeando la costa. Las vistas son muy, muy alucinantes por aquí.
Al final acabamos yendo al pueblo de Clint Eastwood, Carmel By The Sea, y dimos una vuelta (tampoco es muy grande). Resulta que quería poner un restaurante, o algo, y no le dejaban, así que se hizo alcalde para ponerlo (según Lara, nunca llegó a ponerlo, pero). Y, paseando, en uno de los restaurantes, vimos fotos de su campaña para alcalde, tot jovenet.
Para acabar el día fuimos a ver un poco de Monterrey, porque ya mañana nos vamos hacia Los Ángeles. Antes de venir nos dijeron que teníamos que probar el Fudge, que era la razón por la que la gente en américa acaba obesa. Y parece ser que, un poco, sí. Vimos una tienda que vendía fudge casero, y entramos. La chica estaba alucinada con que no supiésemos qué era el Fudge, y nos dejó probar algún tipo. Es una mezcla de chocolate, con mantequilla con no-sé-qué-más, y luego, para rematar, le añaden algún condimento, en plan más chocolate todavía, o galletas. Una cosa light, vaya. Pero está buenísimo. Es como super empalagoso y espeso y ñam.
(bambi)

Yosemite


(o el día que nos perdimos por California y vimos llamas por la carretera)

Para llegar al famoso parque de Yosemite hay que levantarse antes que todo el mundo. Más antes no te puedes levantar. Así que abrimos el turno del desayuno y nos pusimos en marcha cuando aún estaba oscuro y todo.
De camino al parque, por las super autopistas, fuimos pasando por muchos campos y prados, y abía muchos rebaños de ovejas, vacas, caballos ... Y, en medio de los rebaños, había ... llamas. No fuimos capaces de fotografiarlas, porque estaban muy a la lejanía, pero ahí estaban.
El parque éste es una cosa gigante, en plan los Pirineos, más los Picos de Europa, más Sierra Nevada, más otros puntos geográficos significantes que os podáis saber. Y, además, es todo verde, verde. Pero no verde como el que conocemos, no: ahí, literalmente, no caben más árboles! Están todos apretaditos, y haciendo como una masa.
Para llegar hasta allí hay que hacerse un touristour por las carreteras y autovías y de todo que aún no me creo que esté escribiendo esta entrada desde la comodidad de mi hotel.
Para empezar, decidieron que, como yo guiaba tan bien por San Francisco, sería igual de buena como gps por las carreteras. Ai, mare meva. No lo había pasado tan mal nunca, yo creo que de esto ya no me recupero. Hay como treinta mil salidas distintas por todas partes, y, cuando la carretera te avisa de una dirección, quizás se está doce quilómetros sin volvértela a recordar, ni a decir que vas bien. Así que vas avanzando de forma insegura por esas carreteras quilométricas y mal asfaltadas hasta que, por casualidad, la aciertas y sales por donde toca.
No sin mucho esfuerzo (y siguiendo a un coche que tenía toda la pinta del mundo de estar yendo a Yosemite, con sus tiendas de acampar y tal encima), conseguimos llegar. Fuimos hasta un párking donde en teoría no había sitio (pero cupimos) y luego fuimos a dar una vueltilla.
Se ha de reconocer que está todo muy bien preservado, casi parece que los humanos no estuviésemos por ahí, en serio. Las ardillas campan a sus anchas por ahí, y sólo hay cámpings, no hay hoteles. Además, cuando estás ahí es como que tienes que asumir que el monte es del oso. Y eso es así. Tienes que aminorar la velocidad del coche porque quizás matas un oso, tienes un contáiners especiales para dejar la comida o la basura, para que los osos no se acerquen, etc. Esto último es bastante gracioso: hay multas de mil dólares si ven que te has dejado comida en el coche, porque se ve que los osos pueden verla/olerla, acercarse y destrozarte el coche o algo (y luego seguir con la masacre por todo el párking, y el cámping, etc).
Así que nosotros, que somos muy obedientes, nos hicimos un picnic, y lo tiramos todo donde tocaba, y nos fuimos a ver las famosas sequoias. Como dijo el conductor del bus: tienes que verlas para creértelas. Seriously.

Y luego ya, nos pusimos en el camino de vuelta. Como estábamos muy cansados, pusimos el gps, y pensamos que nos llevaría por el camino de ida pero a la inversa. Ah, craso error. Resulta que el gps estaba en modo catalán on, y nos llevaba por todas las comarcales, evitando las autopistas y tal ... para no pagar peajes. ¡Pero es que no hay peajes en américa! Claro, cuando nos dimos cuenta ya estábamos en Chilnualna o una cosa así, y lo que nos costó volver a una carretera grande ...
Pero bueno, al final hicimos caso omiso del gps, y fuimos siguiendo las indicaciones más o menos como pudimos, y llegamos bastante bien al hotel (yo no las tenía todas conmigo).
(los americanos tienen las carreteras tan mal que tienen unas campañas que se llaman "Adop a Highway", en las que la gente va donando dinero y así pueden ir quitando los baches ...)