(o el día de la isla desierta)
Después de sobrevivir al primer
hotel de carretera de nuestras vidas, nos fuimos a ver el famoso Lago de Sal, ya
que estábamos (aunque fuera sólo de pasada) en Salt Lake City, al fin y al cabo.
Así que nos pusimos en marcha bien tempranito, porque pillaba un poco a contrapelo
del lugar al que íbamos luego (Yellowstone), y nos fuimos hasta la isla que hay
en medio del lago de sal.
La isla parece un sitio casi
abandonado, y durante el invierno no se puede ni acceder a ella a través de la
carretera por la que fuimos. Hay un centro cívico/museo, y un montón de prados.
Además, vimos un bisón. Un bisón auténtico, por ahí pastando tranquilamente!
Luego ya estuvimos todo el día
conduciendo, para llegar lo más posible que pudiésemos del parque de
Yellowstone (donde el oso Yogui, jejeje). Conseguimos una habitación en el
parque que hay al lado, en el Gran Tetón (sí, tal cual), y así por la mañana ya
partiremos directamente para pasar el día en Yellowstone. Todavía no sé cómo,
mi hermana, con su maravilloso inglés y su aspecto adorable, consiguió que nos
rebajasen la habitación cuarenta dolores, y aquí estamos: en una habitación
super guay, dentro de una cabaña, con mecedoras en la puerta y todo. Y sin wifi, obviously, no fuese el caso que los bytes pudiesen molestar a los osos.
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